El caso Marianela Brondino, a más de diez años de ocurrida su muerte, parece nunca tener fin. Es que, tras las condenas a los dos delincuentes que provocaron su fallecimiento, los recursos de las defensas para disminuir las penas continúan apareciendo. Pero lo que también continúa es la lucha de su mamá, Graciela, que dialogó con Buen Santa Fe haciendo referencia a este último intento por parte de la defensa del menor que participó del hecho.
“Se lo prometí a mi hija cuando lo vi en el cajón y voy a seguir hasta la última consecuencia si tengo vida. Todavía no se termina esto, si bien le han rechazo el recurso de apelación interpuesto por el acusado, él todavía tiene posibilidades de apelar. Tiene muchos derechos constitucionales, lo que me parece perfecto. Lo que no me parece perfecto es que las víctimas no estemos equiparadas. Por unanimidad se rechazó el recurso presentado por él: vamos a seguir en la lucha”, comenzó diciendo Graciela.
Sobre el recurso presentado para reducir la pena a uno de los imputados, señaló que “se trata de Eduardo Giménez, el menor que iba manejando la moto al momento en que atacan a mi hija desde atrás. La levantan por encima de la bicicleta, impacta por delante de ella, en el asfalto, y le destruyen la cabeza prácticamente. Un testigo manifestó que el ruido que hizo la cabeza es cuando tiran un zapallo y se abre. Cuando ella cae, se bajan a tratar de quitarle el morral que no habían podido. Le queda debajo del cuerpo, se bajan para quitárselo: ella empieza a convulsionar, salen los vecinos y ellos no pudieron cumplir con su cometido. La nena estaba agonizando. Así se selló el destino de mi hija de 25 años y el nuestro también: desarmaron completamente una familia”.
Con respecto a su lucha por hacer Justicia, puntualizó: “siempre supe que todas las alternativas que tenía en su poder para seguir apelando. Me produce cierto hastío, ansiedad. Estoy cansada. Hace once años que estoy interviniendo activamente. Si yo no me hubiera puesto el expediente al hombro, no se hubiera hecho justicia. No me parece mal que ellos tengan muchos derechos desde el momento en que cometen el acto. Ellos tienen y las víctimas no. Nosotros peregrinamos muchos años ante el Gobierno para que nos suministren un abogado gratuito y nunca lo logramos. Solo ante la Municipalidad lo logramos. Las víctimas son las eternas olvidadas del proceso”.
“Últimamente he notado cambios en la Justicia y no sé si son cambios reales o si son por mi hija. Yo no voy a cejar en el intento de buscar justicia. Yo quiero que todos los familiares tengan los mismos derechos: hay muchos que no tienen las mismas herramientas para defenderse y hay muchos casos que quedan sin justicia, mucha gente que queda desamparada. Faltan muchos cambios en la justicia: la justicia no es accesible para todos, aunque digan lo contrario. Es otro mundo ese. Tenés que integrarte. Al principio no conocés nada, vas con mucho dolor sin saber dónde estás, por qué, cómo tenés que conducirte. Es un sistema cerrado que no facilita la tarea”, apuntó contra la Justicia Graciela.
En este sentido, recordó cómo empezó a dar con los responsables del crimen. “Recibo casi todos los días de personas que han perdido hijos y familiares y la verdad que el sistema los expulsa. Al principio, tuvo muchos detenidos la causa. Pero simultáneamente, a los dos días estaban libres. Hice un engrudo en un balde y empecé a pegar en los postes de luz en la Avenida sobre todo en la zona de Coronel Dorrego: empecé a pegar afiches, donde me parecía que estaban los acusados. Apareció un testigo, empecé a revisar Facebook y los encontré abrazados, con revólveres”.
Y agregó: “cuando pedí copia del expediente, me cobraron $400 diez años atrás. Con el paso del tiempo, cuando logré que me dieran la copia, vi que había un dato fundamental que nadie había visto: una llamada al 911 de una persona que decía que acababa de entrar a su domicilio uno de los asesinos de Brondino. Fue determinante para la causa y nadie lo vio. Terminó siendo un audio de uno de los padres de los dos. Los nombres que aparecían eran coincidentes de un dato que me habían dado en 2014 y así empecé a tratar de desmadejar hasta que se llegó a estas dos personas”.
“No quiero que esas personas estén en la calle para destruir una familia. Marianela está en mí todos los días, cada minuto y cada hora. Cada día que pasa anhelo más que mi hija esté acá. Pero eso es imposible. Todos sabemos que él va a salir mucho antes de los 16 años: si se portan bien y hacen cursos, le merman la pena. Y, sin embargo, mi hija que venía de trabajar, está en un cajón, bajo tierra y va a estar de por vida. Nos destruyeron la vida”, cerró Brondino.
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