Con el advenimiento de la pandemia, la tecnología ha ganado más relevancia de la que ya registraba. Si bien esto otorga innumerables beneficios, por otro lado implica un ejercicio de prevención. Muchas veces, los niños no son conscientes de los peligros, por lo que Gisela Rugna, Coordinadora de Hablemos de Bullying, enfatiza en el rol de los progenitores. Sobre todo, en etapa de aislamiento en que los menores se encuentran en sus domicilios.
“El bullying, ciberbullying y ciberacoso siguen presente. Hoy en día, vos te encontrás con que los padres están haciendo un doble rol: el de papás y el de docentes. Esos papás no cuentan con las herramientas psicopedagógicas para enseñar”, comenzó diciendo Rugna.
Sobre cómo se desarrolló esto durante la pandemia, la profesional señaló que “hubo un aumento del ciberacoso, pero también en el cambio de ánimo de niños y docentes. A ellos, la pandemia los hace sentir más cómodos porque están en casa, pero la gran mayoría de los chicos sufre no poder encontrar un espacio en casa, no encuentran un espacio para dialogar, lo que antes significaba el aula, el club o el teatro. Un chico que este año sufre ciberbullying, su salud mental se va a sentir más afectada que antes”.
Con respecto a los métodos de prevención, Rugna señaló que “lo primero que hay que entender es que el bullying no es cosas de chicos. Se necesita un adulto. La mejor forma de prevenir es encontrar espacios comunes. Si yo puedo comprender o empatizar con lo que les pasa a los hijos por más que no lo comparta, posiblemente estoy habilitando a contar lo que le pasa. Proponemos momentos donde los papás puedan hablar con sus hijos y validen a cada miembro de la familia. También, poder detectar problemas de alimentación o cambian su rutina de sueño”.
En este sentido, hizo referencia a los cambios de hábito en los niños luego de la llegada de la pandemia. “Los niveles de estrés con los que nos estamos encontrando en los chicos son altísimos. Se despiertan a la madrugada y piensan en exigencias escolares. Ellos también están en un duelo: iban a hacer tal acto, tal viaje y se iban a reencontrar con sus compañeros. Realmente, nosotros sugerimos que el papá revea sus modos. Hay alguien que lo está mirando las 24 horas del día”.
“A veces me encuentro con adolescentes que se quedan hasta las 2 de la mañana: es el espacio que encuentran para charlar con sus amigos. Antes, tenían la plaza, el bar de la esquina o la caminata. Hoy, todo su espacio es a través de lo digital. Lo que manifiestan los chicos es que no entienden lo mismo, que están desmotivados. Sienten que no comprenden nada, que no tienen a quién preguntarle. Son cosas que van excluyendo”, agregó.
Finalmente, volvió a hacer hincapié en el rol familiar. “El chico ya está en una situación de aislamiento. Hoy todo gira entre las cuatro paredes de su casa. Vuelvo a poner el foco en las familias protectoras, que encuentran momentos de escucha, que no descalifiquen los momentos en que los niños se sienten mal. Escuchémoslo. Habilitar al diálogo, no normalicemos, no pensemos ‘esto no es para tanto’. Las emociones que nos caracterizan hoy son el miedo y la desesperanza, imagínate un chico. Esos chicos, a veces no pueden canalizar sus emociones, entonces todas esas frustraciones se canalizan a través de la violencia”.
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