Desde las últimas semanas, se viene mencionando la idea de “relajamiento” para evidenciar la falta de responsabilidad ciudadana que se evidencia en ciertos comportamientos: desde los más mínimos como el no uso del tapabocas hasta los más repudiables como la organización de fiestas clandestinas multitudinarias. Buen Santa Fe se comunicó con María Angélica Marmet, que abordó estos hechos desde la Psicología Social.
“Lo primero que habría que plantear es que estamos pudiendo pensar esto porque la estrategia sanitaria ha dado resultados y porque no estamos en una ciudad donde contemos muertos en la calle. Esto es un primer elemento a considerar. Lo segundo es que vamos leyendo estos procesos en la medida en que se están desarrollando”, comenzó diciendo.
En este sentido, tomó dos aspectos de la palabra transgresión. “Un primer aspecto es no transgredimos: algunos transgreden y otros no. Es un elemento para no generalizar. Es muy difícil si no cuando decimos que pasa en todos lados lo mismo cuando no es así. Y otro aspecto de la cuestión de la transgresión es que, cuando se transgrede, lo que implica es que hay una norma que uno no acata ni acepta. Yo no sé si es transgresión no considerar esa norma o si es infracción, porque la transgresión propone una alternativa distinta. La infracción es me opongo porque me piacce. Hay una disputa de poder que está en juego”.
Por otro lado, contó que desde su punto de vista, estas inconductas se trantan de infracción y no de transgresión porque “está la excusa preparada. Se prepara el argumento. Tenemos que pensar que lo que estamos analizando son conductas individuales situadas en el marco de una conmoción social que significó una exigencia de cambio. Si uno piensa en la conducta individual, lo que sobrevienen son temores. Uno se resiste a determinadas cosas porque la incertidumbre sobre lo que viene es muy grande. El cambio es enorme. Ahora, a lo invidivual hay que enmarcarlo en un mundo concreto”.
Finalmente, explicó que la desconfianza de los individuos sobre las instituciones es otro de los factores para explicar estos actos irresponsables. “Lo otro que me preocupa es la crisis de las instituciones, que han perdido la impertinencia de su tarea y están sometidas a una desconfianza absoluta. Aquellos que organizan lo social está en un tembladeral. La crisis que atraviesa el sistema capitalista, además, profundiza la concentración de poder, por lo que deja por fuera a cada vez más cantidad de gente. Hay gente que se resigna y otra que se indigna. Todo esto está atrás de esto que estamos analizando: venimos asistiendo a una propuesta ideológica que tiene que ver con la posverdad. Lo que te está planteando es que no hay una realidad que no se puede confrontar. Eso fortalece el individualismo, más centradas en el sí mismo”.