Sufrieron abusos y hoy son pareja: apuntan a “dar ámbitos para que los niños cuenten”

Silvia y Sebastián forman parte de la ONG “Adultos por los derechos de la infancia”. Ambos fueron abusados años atrás y piden especial atención no solo a lo que los niños puedan transmitir mediante palabras también de dibujos, formas de jugar o de relacionarse.


15 oct, 2021 09:15
Buen Santa Fe: Sufrieron abusos y hoy son pareja: apuntan a “dar ámbitos para que los niños cuenten”

Con los hechos de público conocimiento ocurridos en distintos puntos de Santa Fe, principalmente en San José del Rincón y en la escuela Ceferino Namuncurá de la ciudad capital, el abuso sexual ha ganado terreno público. Silvia Piceda y Sebastián Cuattromo forman parte de la ONG “Adultos por los derechos de la Infancia”, sufrieron abusos años atrás y detallaron cómo transcurren sus vidas como así también la importancia de no soltarles las manos a quienes padezcan tales accionares.

“Como sobrevivientes adultos del delito de abuso, como protectores de niños, lo fundamental es escuchar lo que niños y niñas tienen para contarnos. Aprender a escucharlos. Con respecto al abuso, es la frecuencia lo importante a saber. El 20% de la población sufre un abuso antes de los 18 años, según una encuesta. Los abusadores están entre nosotros: es importante saberlo para inmediatamente proteger a los niños y niñas. Y después está la investigación, el no asustarse, no creer que el niño está hablando porque se le ocurrió. Esa luz nos va a ayudar a seguir protegiendo a niños. Sabemos que una herida no es un destino, pero para que esto sea así, necesitamos una sociedad dispuesta a escuchar a niños y niñas”, comenzó diciendo Silvia Piceda en diálogo con Buen Santa Fe.

En cuanto a cómo reconocer cuándo un niño pudo haber sido víctima de abuso, Sebastián Cuattromo marcó que “hay signos y síntomas de acuerdo a edad y etapa evolutiva. Muchas veces, manifiestan que están siendo víctimas no solo a través de palabras: de dibujos, formas de jugar, de relacionarse. Es muy importante, en materia de escuelas, que niños, niñas y adolescentes encuentren ámbitos y contextos donde expresar sus emociones, sentimientos y donde haya docentes capacitados en materia de abuso sexual para escuchar eso que muchas veces nos manifiestan no solo a través de palabras. Yo sufrí abusos en el colegio donde asistía. Más de 20 años después logré llevarlo a una instancia de juicio oral y público donde se lo condenó”.

En este sentido, Piceda apuntó que “lo importante es dar ámbitos para que niños y niñas hablen, cuenten y dibujen. No hace falta estar preguntándoles todos los días. Ellos van a dibujar, van a jugar, tienen múltiples maneras de seguir elaborando lo traumático. La protección hacia niños y niñas, cuando uno sospechó, eso marca la diferencia en el sobreviviente de abuso. Lo que más ha dolido a sobrevivientes adultos es cuando sus familias no hicieron nada. Lo esperanzador acá es que hubo papás que actuaron. Pidieron ayuda a la justicia. Eso para los niños y niñas que hablaron es muy importante. Es lo que vemos. Lo que más duele es cuando ha habido complicidad por parte de adultos. Cuando el entorno familiar hace que no pasa nada, o le dice ‘venís a romper la familia’ cuando el que rompe el trato siempre es el adulto agresor. Cuando uno escucha y actúa está haciendo un paso importante para garantizar la salud de este sobreviviente”.

Además, Cuattromo señaló que “un paso fundamental es poder hablar, ponerle palabras al dolor. No importa si se lo hace hasta décadas después de ocurridas los abusos, como suele ocurrir con las personas adultas. Nunca es tarde. Es muy importante cómo se recibe el testimonio y relato de una víctima: siempre tiene que ser el de creerle, brindarle empatía. Eso ayuda a que quien sufrió abuso pueda comenzar un camino de liberación. Una herida no es un destino. La vida de ningún niño, niña y adolescente que ha sufrido esto no está terminada. Lo que ayuda a iniciar estos caminos de liberación es demostrarles a las víctimas que les creemos. Que no somos cómplices de sus agresores. Tener esos gestos y actitudes llega hondo a la subjetividad de cada niño, niña o adolescente víctima”.

Finalmente, Piceda alertó que “el mayor cómplice de los abusadores es el silencio. No podemos dejar tranquilos a los niños en ningún lugar. Esto tenemos que aprenderlo. Por eso hablamos de una aldea. Esa intranquilidad, si es compartida, está bueno porque nos hacemos cargo de la cría humana, que tiene que ser el objetivo. Lo cierto es que debiera ser nuestro primer objetivo. En todos los ámbitos tenemos que estar atentos porque los agresores están. Esto va a ir con el tiempo sea mucho mejor de lo que es”.