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La incorporación temprana de adolescentes al mercado laboral, una de las consecuencias de la cuarentena
Por Adriana Sandro*
“Más allá de lo negativo de toda la situación, siento que progresé mucho en mis ingresos y estudios. Creo que tuve las oportunidades y la constancia, para ver el vaso medio lleno y poder sacar provecho de la situación”, cuenta con entusiasmo Luciano, un joven de 20 años cuyo balance durante la cuarentena es positivo.
La historia de este joven se enlaza genuinamente con una encuesta de UNICEF que arroja como resultado que “cuatro de cada diez hogares del país donde residen niños, niñas y adolescentes –lo que equivale a 2,1 millones de familias- afrontan una reducción en los ingresos laborales, en tanto una de cada cinco enfrenta al menos una deuda". Son datos que se desprenden de la tercera encuesta sobre el impacto de COVID-19 presentada por el organismo la semana pasada. El relevamiento -con encuestas telefónicas a 2.351 hogares a nivel nacional y regional- también indagó sobre la situación de la primera infancia y de los y las adolescentes, su alimentación y educación, entre otros aspectos.
Antes de la cuarentena, Luciano había empezado a trabajar en una empresa de turismo infantil de viajes de séptimo grado, además de hacer cortes de pelo a domicilio.
El análisis de UNICEF es representativo de la totalidad de los hogares con niños, niñas y adolescentes en Argentina y es comparable con los relevamientos realizados por el organismo en abril y julio de 2020. Según los nuevos resultados, de todos los hogares con niños, niñas y adolescentes que enfrentan una reducción de ingresos laborales, alrededor del 70% de ellos perdió la mitad o más de la mitad de sus remuneraciones.
La pérdida de ingresos, a su vez, empujó a los adolescentes a incorporarse tempranamente al mercado laboral: el 16% de los adolescentes manifestó que realiza actividades laborales destinadas al mercado, un 46% más que antes de la cuarentena.

“Esto es un indicador que mostraría que, ante la falta de ingresos en los hogares, los adolescentes se ven en la necesidad de aportar recursos al interior del hogar”, señaló Sebastián Waisgrais, especialista en inclusión social de Unicef Argentina.
Luciano estudiaba Kinesiología y Fisiatría en la Universidad de Buenos Aires y en medio de la cuarentena decidió cambiar por el profesorado de Letras. Pudo seguir trabajando como peluquero de manera más o menos clandestina para poder sustentar sus gastos. Y su familia no tuvo grandes problemas económicos a pesar de que su mamá se quedó sin trabajo.
Luciano empezó en agosto un emprendimiento de ropa vintage por la red social Instagram con su novia para ahorrar dinero para las vacaciones y desde octubre reparte en moto supremas, pollo, milanesas y hamburguesas.
El tener como propósito las vacaciones de verano y metas a largo plazo hizo que Luciano nunca se deprimiera, algo frecuente -no obstante-, según la investigación de UNICEF, que identificó datos preocupantes vinculados a la salud mental en adolescentes: el 24% estuvo angustiado y el 12% declaró sentirse deprimido frente a la incertidumbre que genera este contexto, una cifra que aumentó considerablemente con relación a la primera encuesta de abril (16% y 6%, respectivamente).
El joven entrevistado por Telefe Noticias cuenta que siempre estuvo bien en todo sentido, a pesar de estar más aburrido y limitado. En los primeros tres meses se despejaba entrenando en la terraza y cursaba materias sin trabajar. “No sufrí depresión ni ataques de pánico pero si percibí que fue común en chicos de mi edad, a pesar de ser poco visibilizadas o minimizadas”, agrega conmovido.
* Adriana Sandro es periodista en Telefe Noticias y Lic. en Psicología - MN 53315