Pero cuando llegó a Buenos Aires, lejos de apaciguarse, eso se incrementó. Por trabajo fue a una escuela en la que había muchos chicos “repetidores”, para terminar los dos años que le quedaban de secundaría. Allí eran más grandes y no le tenían piedad.
“Ya estaba en Chiquititas, era un chufo, era extranjero, no tenía un grupo de pertenecía y de amigos…Si bien tenía mi grupo de trabajo, con el que me llevaba muy bien, en ese momento era un grupo de trabajo. Había una cosa de compañeros de trabajo y en la escuela se me complicaba un poco”, comenzó contado su experiencia.
Luego de eso, contó la situación que le dejó una secuela física: “Yo tengo una lesión en un testículo, de uno que vino, y me agarró, me cazó así y me dijo ‘chiflá chufo’, y me lesionó”, recordó. Pero eso no fue lo único: “Yo tenía un 147 (un auto marca Fiat) en ese momento y me ponían clavos en las ruedas, era picante”.