Hace un año, el mundo se detenía para despedir a Jorge Bergoglio, el Papa Francisco. El hombre que nació en el "fin del mundo" y llegó a lo más alto de la Iglesia dejó una huella imborrable, no solo en el Vaticano, sino en millones de personas que encontraron en él un mensaje de cercanía y compromiso con los más olvidados.
Un adiós que conmovió al planeta
El lunes 21 de abril de 2025, Francisco falleció a los 88 años en la Casa Santa Marta, dentro de la Ciudad del Vaticano. Las causas oficiales: un derrame cerebral, coma y un colapso cardiovascular irreversible, después de un tiempo de salud frágil que incluyó neumonía. Su partida fue sentida en cada rincón del planeta, porque su estilo directo y su mirada compasiva habían transformado la forma en que muchos veían a la Iglesia.
El legado de un Papa distinto
Francisco no fue un Papa más. Desde el primer día, abrió las puertas del Vaticano y se animó a decir lo que otros callaban. Para él, la fe no tenía sentido si no se traducía en acción social y en estar cerca de quienes más lo necesitan. Su mensaje fue claro: no hay religión sin empatía.
Un homenaje cargado de emoción
Hoy, a un año de su muerte, Roma se prepara para recordarlo. Guillermo Javier Karcher, sacerdote argentino y uno de sus hombres de confianza, organiza una misa especial en la basílica de Santa María Mayor. Será a las 18:00 (hora de Italia), en el mismo lugar donde Francisco eligió descansar para siempre: junto a la capilla de la Virgen patrona de Roma y frente al altar donde San Ignacio de Loyola celebró su primera misa.
El homenaje no es solo para el primer Papa argentino y latinoamericano, sino para un líder que supo escuchar, acompañar y transformar. Su legado sigue vivo en cada gesto de solidaridad y en cada palabra de aliento a los que menos tienen.