La Municipalidad de Santa Fe puso en marcha la instancia de recolección y pesaje del programa Eco Escuelas 2026. Tras una primera fase de sensibilización y diálogo en las aulas, las instituciones participantes comenzaron a entregar el material plástico (botellas, envases, tapitas y bidones) que será transformado en mobiliario urbano para las plazas de la ciudad.
En esta oportunidad, el intendente Juan Pablo Poletti visitó el Colegio Sagrado Corazón de Jesús y compartió una cálida jornada de concientización sobre la importancia del cuidado del medio ambiente, acompañado de padres, alumnos y docentes.
Seguidamente, destacó el valor educativo de la iniciativa: “Estamos convencidos de que este programa transmite mucho más que los kilos que reciclamos. Es una enseñanza de vida para el futuro. Queremos que en cada casa se aprenda por qué un plástico no debe terminar en la basura, en la laguna o en los ríos”.
En ese sentido, el mandatario local resaltó el impacto en el núcleo familiar: “Ayuda a la convivencia. Ver a un hijo compartiendo con sus padres el momento de juntar el plástico, en lugar de estar frente a una pantalla, es fundamental para generar nuevas generaciones que realmente valoren el ambiente”.
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Economía circular y premios
El secretario de Gestión Urbana y Ambiente, Guillermo Ferrero, explicó que la competencia se extenderá hasta el 15 de mayo: “Por cada kilo recolectado se asigna un punto. La escuela que más plástico junte ganará un viaje de egresados con todo pago a Villa Carlos Paz para el próximo año, gracias al apoyo de las empresas Cliba, Urbafe y Freestyle”, detalló.
Respecto al destino de los residuos, Ferrero señaló que “la mitad del material se entrega a la asociación Dignidad y Vida Sana para su enfardado, y la otra mitad se procesa mediante un convenio con la empresa Quanta, que lo transforma en juegos para los espacios públicos de Santa Fe. Es plástico que vuelve a los vecinos convertido en juegos y bancos”.
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El compromiso de las escuelas
En el Colegio Sagrado Corazón de Jesús, una de las instituciones protagonistas, el entusiasmo es total. En el último pesaje, la institución ya registró más de 604 kilos de material. Su directora, Agostina Manzur, subrayó que “más allá del premio, el concurso refuerza valores como el compromiso, la responsabilidad y el trabajo en equipo. Nosotros participamos el año anterior de esta iniciativa y se ve como las familias se comprometen a reciclar”.
Ema y Felicitas, alumnas del establecimiento, compartieron su experiencia: “Hicimos afiches para contar para qué sirve juntar botellas y nuestras familias nos ayudan un montón. Si vemos algo tirado en la calle cuando salimos con nuestros padres, lo juntamos y lo traemos al colegio para seguir cuidando el planeta”.
Por su parte, Carolina, mamá de uno de los alumnos, coincidió en la movilización social que genera el proyecto: “Es un momento lindo para compartir. Se prenden los abuelos y los tíos; incluso hay familiares de otras ciudades que nos mandan plástico. Entre las madres nos organizamos para ir a buscar material si alguien avisa que encontró algo en la calle”.
