San Lorenzo fue el escenario elegido para un acto que no pasó inadvertido. Javier Milei y Maximiliano Pullaro se pusieron al frente de una ceremonia que, desde el arranque, dejó en claro que no era una más en el calendario patrio. El protagonista simbólico de la jornada: José de San Martín, presentado por Milei como el gran emblema de una revolución liberal que, según sus palabras, rompió con un mundo estancado y dominado por privilegios.
El mensaje del Presidente fue directo: la independencia argentina no fue solo una cuestión militar. Para Milei, también fue una revolución económica, política y cultural. Y ese espíritu, aseguró, es el que su gobierno quiere recuperar hoy.
El sable corvo y una decisión que hizo ruido
El momento más fuerte del acto llegó cuando Milei anunció la devolución del sable corvo de San Martín a los Granaderos. Para él, se trató de un acto de justicia histórica, pero también de una jugada política con destinatarios claros: el kirchnerismo y sectores del peronismo.
Sin vueltas, Milei recordó que el sable fue robado dos veces en los años 60 por la juventud peronista. No dudó en calificar esos hechos como actos de terrorismo contra el patrimonio nacional
. La referencia no fue casual: el Presidente buscó trazar un hilo histórico, señalando a un mismo espacio político como responsable de manipular el pasado y vaciar los símbolos nacionales.
Un mensaje con nombre y apellido
Milei fue todavía más lejos y apuntó contra una decisión tomada en 2015 por Cristina Fernández de Kirchner: la de retirar el sable de la custodia de los Granaderos y llevarlo al Museo Histórico Nacional. El Presidente lanzó una frase que tensó el clima político: No sorprende que quienes lo robaron hayan sido invitados a su inauguración
. Así, el acto en San Lorenzo se transformó en mucho más que una ceremonia: fue un escenario de confrontación nacional, donde el pasado y el presente se cruzaron en cada palabra y gesto.