Virginia se conducía tranquilamente este lunes por la zona del Parque Garay cuando, sin darse cuenta lo que ocurría, sintió mucho temor. El vidrio de la puerta del conductor, a escasos centrímetros de su rostro, explotó en mil pedazos. El impacto hizo que ella acelere ante el temor que pueda suceder algo peor.
Junto a ella en el vehículo se trasladaban su hija y si nieta, una beba de dos años. "Nos pudimos haber matado", sostuvo la protagonista del hecho. "A mi me desesperó la nena y empecé a los gritos por ella", pero por fortuna no le pasó nada, agregó.