Lionel Messi, capitán de la Selección Argentina y uno de los mejores jugadores de la historia del fútbol, recordó en una entrevista un momento particular de su carrera: su debut en la Selección mayor ante Hungría, el 17 de agosto de 2005.
En aquel encuentro, Messi, con solo 17 años, ingresó por Lisandro López en el segundo tiempo y a los 45 segundos vio la tarjeta roja directa por un manotazo tras un movimiento brusco de un rival. Un debut inesperado y fugaz que marcó al joven jugador.
"Me acuerdo que toqué dos o tres pelotas como mucho, no entendía nada cuando me habían echado. Me había pasado un montón de veces la situación esa de que me agarren y querer sacarlo de encima", contó Messi entre risas en la entrevista. "El árbitro no tuvo mucho tacto", agregó.
Un momento difícil y el apoyo de Kily González
Para Messi, aquel debut fue un momento "durísimo" por todo lo que significaba para él. "Entré llorando al vestuario, no me podían contener", confesó.
En medio de la tristeza y la desazón, Lionel recibió el apoyo de un jugador experimentado y referente de la Selección en ese momento: Cristian "Kily" González.
"El Kily en ese momento fue muy cariñoso, se me pegó a mi, me cuidó. Él y todos pero me acuerdo en especial las palabras de él", admitió el capitán argentino. "Me decía ‘tranquilo que a mi me pasó lo mismo y después seguí jugando en la Selección’ y así fue, sigo todavía jugando en la Selección un millón de partidos", relató Messi.
Las palabras de aliento de Kily González fueron un bálsamo para el joven Messi, quien se sintió comprendido y apoyado en un momento tan difícil.
A pesar de la amarga experiencia del debut, Messi recuerda con cariño aquel momento y la lección que le dejó.
"Fue un aprendizaje para mí. Me enseñó que hay momentos duros en el fútbol y que hay que saber superarlos", reflexionó el astro argentino.
"Kily me dio un consejo que me quedó grabado para siempre: ‘Tranquilo que esto no te define. El fútbol tiene revanchas’", concluyó Messi.